Dulce
y suave resbala por mi garganta. Es la sexta jarra de hidromiel que disfruto
esta noche. Su sabor mejora con cada trago. Los kalandryanos saben cómo
fabricar este licor y, sobre todo, cómo servirlo. Los heleros que hay en las
tabernas permiten beberlo frío como la nieve y que penetre con delicadeza estallando
en un sabor placentero al contacto con el paladar.
Quiero levantarme porque apenas me
queda nada que ofrecer al tabernero, pero las piernas no me responden. Mis
brazos están laxos como la ropa al viento y mi cabeza no recuerda qué me trajo
hasta aquí. Era algo importante que no debía olvidar, pero ya es demasiado
tarde. Si estoy en una taberna y borracho, debe tratarse de un asunto de
amores, por lo que no es tan trascendental...
A mi lado se sienta Barlogk, un fortachón cuya espalda es
más ancha que la mayoría de las puertas. Ha bebido cuatro veces más que yo y
apenas se le entiende lo que masculla por esa boca, donde asoman dos hileras de
dientes ennegrecidos. No para de hablar de rosas-violáceas, unas extrañas
flores nunca vistas en Kalandrya,
pero que el grandullón se empeña en recordar una y otra vez. Uno de los aldeanos,
consciente de su borrachera, le entrega un cardo seco y le asegura que se trata
de una rosa kalandryana. Barlogk no
lo duda y se lo coloca en la cabeza, a modo de adorno. Los presentes no paran
de reír. El gigante se anima, pensando que lo alaban, y la sujeta fuerte con un
lazo encarnado que ha robado a una de las taberneras. De un salto se sube sobre
la mesa y comienza a bailar dando brincos que provocan que la tierra tiemble
bajo sus pies. La estructura de madera emite agudos sonidos antes de quebrarse,
vencida por el peso del gigantón, que queda tumbado boca arriba con las piernas
y los brazos en suspensión, como si de una cucaracha se tratara.
Gracias a los espíritus de la
tempestad he tenido la suficiente agilidad como para salvar mi jarra de
hidromiel antes del desastre… ¿Qué hago en esta taberna kalandryana? ¡No
consigo recordar…!
Me dispongo a degustar el último
trago pero Barlogk me lo impide. Sin
que pueda hacer nada por salvarme, me agarra entre sus brazos y me gira en
amplios círculos, convirtiéndome en su improvisada pareja de baile. Me susurra
algo al oído pero no consigo entenderlo. Creo que voy a vomitar. Los comensales
aplauden al compás de la música, con lo que mi compañero acelera aún más el
ritmo.
Mi cabeza oscila a mucha velocidad y estoy a punto de perder el sentido cuando Barlogk decide soltarme con delicadeza, entendiendo por delicadeza el dejarme caer de sus enormes brazos en mitad del giro hasta que mis posaderas se estrellan contra el frío y duro suelo de la taberna.
Mi cabeza oscila a mucha velocidad y estoy a punto de perder el sentido cuando Barlogk decide soltarme con delicadeza, entendiendo por delicadeza el dejarme caer de sus enormes brazos en mitad del giro hasta que mis posaderas se estrellan contra el frío y duro suelo de la taberna.
Ahora le ha tocado el turno a un soldado
que cena tranquilamente con sus armas sobre la mesa. Al guerrero no parece
hacerle gracia, pero Barlogk lo toma
por las axilas y lo eleva haciéndolo girar en una siniestra danza. Es tal la fuerza
que imprime a sus brazos que le rompe la cabeza al golpearla contra una de las
traviesas del techo. Al parecer soy el único que se percata de cómo la sangre
resbala por su cráneo ya que el resto de espectadores ríen al borde del
éxtasis.
El grandullón lo lanza sobre uno de
los bancos y agarra a otro de los lugareños deseoso de disfrutar de aquel juego
de niños. Todos ríen a carcajadas sin creer lo que ven sus ojos. Barlogk lo toma por las piernas y
utiliza su cabeza como arma contra el resto de los asistentes. Uno a uno los va
golpeando hasta dejarlos fuera de juego. Las mujeres tratan de huir
despavoridas, pero es demasiado tarde ya que también arremete contra ellas,
dejándolas tumbadas con los cráneos rotos y los ojos fuera de las órbitas por
el miedo.
Barlogk
se vuelve hacia mí sonriendo. No queda rastro de alcohol en su mirada y la
cordura regresa de golpe a mi cabeza. Una misión nos ha traído hasta aquí desde
nuestra Utsuria natal; destruir al
clan Hurbeka y matar a todos sus
miembros… La guerra ha comenzado.





