Viajeros de Mundo Conocido


Este blog pretende poner al seguidor de El Heredero de los Seis Reinos en contacto con los personajes, territorios, historias y tramas que envuelven esta saga de fantasía. Con una periodicidad semanal se subirán relatos y leyendas que tendrán como protagonistas a personajes y hechos que irán apareciendo en las novelas de forma secundaria. Sin duda, el blog Historias de los Seis Reinos será siempre un punto de referencia al que acudir.

lunes, 10 de marzo de 2014

Relato nº54 Amor eterno



Lo suyo no fue un amor romántico y desenfrenado como el que solían describir sus amigas. Ni siquiera le gustó la primera vez que lo vio. Demasiado moreno, quizás debido a su trabajo en el campo. Demasiada barba, con el tiempo supo de su falta de destreza con las navajas. Demasiado alto, ella apenas le llegaba a la altura del hombro. Demasiado charlatán, trataba de impresionarla con sus eternas historias de aventuras y luchas que la aburrían de manera soporífera. Demasiado…
    Pero poco a poco se fue habituando a su simpatía, porque siempre encontraba la forma de hacerla sonreír; a su amabilidad, porque jamás le escuchó grito ni palabras desagradables hacia los demás; a su destreza, porque no había trabajo manual que se le resistiera; a su inteligencia, que le permitía hablar de cualquier tema con conocimiento; y, por encima de todo, a su amor, que la conquistó sin que su corazón apenas se diera cuenta hasta que ya fue demasiado tarde.
    Su romance fue tranquilo, sin altibajos, sin grandes peleas ni bravas reconciliaciones. Se quisieron con ternura bajo la protección de un bello almendro en la estación solar superior. Sus padres aprobaron su enlace y les ayudaron a construir una pequeña cabaña junto a la suya.
    Lo tenían todo para ser felices: cariño, un hogar en el que vivir, tierras que labrar para conseguir alimentos, buenos amigos con los que compartir penas y alegrías y dos familias que los amaban y cobijaban.
    Pero eso no fue suficiente para ella. Anhelaba conocer cada rincón de Mundo Conocido. Quería vivir las aventuras que escuchaba a los juglares. De noche, cuando creía que nadie la oía, lloraba maldiciendo la suerte que la había atado a él, impidiéndole alcanzar su sueño de unirse a la guardia real myrthyana.
    Y así noche tras noche, día tras día, hasta que acabó con su paciencia.
    Una mañana, sin ser consciente de la tormenta que se cernía en el horizonte, Dargalt se despidió de su esposa con más pasión de lo habitual. Le dio un fuerte abrazo, que casi la deja sin costillas y le ofreció el beso más tierno y dulce que nunca le había entregado. Ella nada sospechó. Siguió con sus quehaceres diarios hasta que llegó la noche y comenzó a preocuparse por la ausencia de su amado. Espero sentada tras la ventana de su humilde morada. Consumió más de la mitad de sus velas y solo llegó la luz del sol. Entonces se lanzó como una loca a los caminos. Primero visitó a sus padres, que nada le supieron decir de su paradero. Después recorrió una a una las casas de sus vecinos, que tampoco supieron darle nuevas y por último le tocó el turno a sus amigos, que no podían creer lo que les narraba.


    Una terrible inquietud se apoderó de su alma. Lo buscó durante días y noches sin descanso. Recorrió cada pueblo de Myrthya siguiendo un rastro imaginario. Con cada paso que daba su carácter se fortalecía. Aprendió a valerse de su belleza y de su cuerpo para sobrevivir en los lugares más inhóspitos del reino. Se transformó en otra mujer, la guerrera que siempre quiso ser, pero perdió la alegría que hasta entonces la había acompañado.
    Tras más de media estación de búsqueda, cuando estaba a punto de abandonar, unos pescadores de la aldea de Balyeza le hablaron de un hombre alto, moreno, barbudo y charlatán que semanas atrás compró una barca, asegurando que la única forma de dar a su esposa lo que ella tanto anhelaba era abandonarla, aunque ello le rompiera el corazón.
    Shalhine no pudo creer lo que escuchaba. Les preguntó dónde pescaba aquel hombre y le dijeron que en ningún sitio. Que marchó en busca de aventuras tratando de cruzar el ancho océano y que, hasta entonces, nadie lo había vuelto a ver. Los pocos que un día se aventuraron  a adentrarse en el mar en aquella época nunca regresaron para contar qué había más allá de sus costas.
    Shalhine lloró durante muchos días odiándose por no haberse dado cuenta hasta entonces de que lo único que realmente amaba era lo que había perdido por su inconformismo.
    Tras varios días de agónico letargo, la joven tomó una decisión; vendió sus pertenencias y compró una barca. Encontraría a Dargalt aunque le costara la vida en el empeño.
    Cuentan los aedos que muchos la vieron partir y dirigirse hacia el horizonte, que otra pequeña embarcación parecía esperarla dónde mar y cielo se unen, y que en las noches más claras, cuando la luna alumbra la inmensidad del océano, se puede contemplar dos barcas surcando con serenidad el bravo mar, siempre juntas, sin destino definido ni deseo de retorno…
            … dos pequeños botes volando sobre las olas, abrazados por un amor tranquilo, pero eterno.


                “La leyenda de Dargalt y Shalhine” es narrada por bardos y aedos por todos los rincones de Mundo Conocido.


lunes, 3 de marzo de 2014

Relato nº 53 El Incapaz



Jamás aprendió a hacer la pócima perfecta. Por mucho que el shayím le indicara una y otra vez qué ingredientes debía utilizar y la manera correcta de elaborarla, Gurtluy siempre acababa confundiéndose y estropeándola. No se podía decir de él que fuera un alumno aventajado, sino más bien todo lo contrario. El joven se esforzaba por aprender cada conjuro como si le fuera la vida en ello, trataba de conocer las artes de la invocación mejor que a sus propios compañeros y apenas dormía para controlar a su voluntad las funciones de su cuerpo. Pero nada era suficiente. Unas veces por la entonación, otras por la mala interpretación de los elementos naturales o simplemente por una raíz equivocada vertida en la pócima, el resultado era siempre el mismo… Desastroso.
    Alicaído y frustrado, Gurtluy empezaba a asumir que nunca conseguiría la toga púrpura que lo acreditaría como mago. Las burlas de sus compañeros de orden, que lo apodaban “El Incapaz”, aumentaron tras la desaparición del shayím tras los pasos del príncipe Asúrim, que había partido para luchar por el trono de Suliadán de Mundo Conocido. El reino parecía un gran tablero de juego dónde ninguna de las piezas se encontraba en su lugar. El rey Tarákil estaba encerrado en sus aposentos y del príncipe Ódriel contaban que había enloquecido. Gurtluy presentía que algo estaba a punto de ocurrir.
    En su mente se colaba sin resistencia la idea de que debía huir y llevarse consigo a sus compañeros para ponerlos a salvo. Nadie lo creía, pero estaba convencido de que se le había encomendado esa misión. Trató de convencer uno a uno al resto de aprendices, pero fue inútil.
    —Incapaz, si no puedes hacer ni un conjuro, ¿cómo vamos a dejar que nos guíes fuera de Myrthelaya por un mal presagio que ronda tu atolondrada cabeza? —preguntó Burlah, uno de los estudiantes más aventajados.
    —Eso es. ¿Realmente piensas que si alguna fuerza espiritual quisiera contactar con nosotros te elegiría a ti para mandarnos un mensaje? —añadió otro de sus compañeros entre las carcajadas del resto de iniciados.
    Gurtluy abandonó las instalaciones de la hermandad de magos sumido en la más dolorosa soledad. Pero El Incapaz no iba a darse por vencido. En su interior sabía que tenía que actuar y de una forma u otra demostraría a todos que la razón se había aliado con él.


     Esperó a que las estrellas ocuparan el lugar de las nubes en el firmamento y, poseído por una fuerza hasta entonces desconocida, se dirigió a la estancia donde dormían el resto de aprendices y se situó en el centro. De sus labios no salieron conjuros ni palabras, sino un sonido sibilante, similar al de ciertas víboras. Como poseídos por espíritus ancestrales, sus compañeros se levantaron y dirigieron hacia él sus ojos vacíos, blancos como la luna que alumbraba la estancia. El Incapaz sintió miedo al comprender que no era dueño de sus actos, que algo o alguien guiaba sus movimientos inyectando en su cerebro qué debía hacer y decir en cada momento. Sus piernas tenían mucha más voluntad que su conciencia e iniciaron la marcha, seguidas de cerca por las del resto de iniciados. Durante más de dos jornadas anduvieron sin descanso por montes, cruzaron ríos, salieron de Myrthya y atravesaron Zirwania. No pararon a comer ni a dormir y apenas bebieron, aunque la sed sodomizaba sus gargantas.
    El silbido que había salido de sus labios durante todo el trayecto cesó cuando llegaron a reino de Vharane. Todos cayeron desplomados al tiempo, como si la fuerza que les había empujado hasta entonces los abandonara. Despertaron de un sueño inquieto, mirándose unos a otros desconcertados sin saber dónde se hallaban. Todos los rostros se giraron hacia Gurtluy, que no sabía qué decirles. Cuando se levantaron y se dirigieron amenazantes hacia El Incapaz, una sombra surgió de la arena y les dijo:
    — Bienvenidos, os esperaba. Disculpad que no os dijera nada. Era imprescindible que abandonarais Myrthelaya cuanto antes porque vuestras vidas corrían un gran peligro. Tuve que elegir para guiaros a aquel de vosotros que conoce mejor los secretos de la magia. El alumno que más días ha dedicado al estudio de las pócimas, que más se ha esforzado por entender el porqué de los conjuros y que ha demostrado tener una voluntad tan grande como su corazón… Gracias, Gurtluy, por traerlos hasta aquí—, anunció el shayím.
    Todos los aprendices de mago miraron atónitos como los ropajes sucios y desgastados de El Incapaz se convertían en una solemne túnica de color morada. Su mirada, antes perdida en mil pensamientos, se tornó penetrante y una lucidez, impensable en él días atrás, se instaló en su semblante dotándolo de sabiduría y templanza.
    Gurtluy no podía creer lo que había sucedido, pero algo en su interior le hizo entender que a partir de ahora jugaría un papel fundamental en el destino de Mundo Conocido y sabría qué hacer en cada momento. Ya nada volvería a ser como antes.



lunes, 24 de febrero de 2014

Un año de blog




               Cuando comencé a elaborar los primeros borradores del Heredero de los Seis Reinos, tenía la certeza de que si quería que este proyecto se hiciera hueco en el panorama literario del país debía ser diferente a todo lo escrito hasta ahora.
            Después de mucho pensar, leer y observar, llegué a la conclusión de que todos los autores seguían el mismo esquema a la hora de trabajar; primero escribían la obra y después la daban a conocer. Como mucho, unas semanas antes del lanzamiento, mientras el libro tomaba forma en la imprenta, se empezaba a hablar de él en diferentes medios y redes sociales.
            Entonces me dije: ¿Y si lo hacemos al revés? ¿Y si comparto mi saga de fantasía antes de editarla? Y me puse manos a la obra en busca de la fórmula para conseguirlo.
            Desde el primer momento tuve claro que si había algo que se me daba bien era escribir relatos cortos. De hecho, desde que empecé mi aventura con las letras a través de las historias breves, he ganado varios certámenes nacionales. ¿Por qué no utilizar este medio para dar a conocer mi obra?



            Y eso fue lo que hice. Decidí crear un blog donde compartir con los amantes de la literatura, en especial del género fantástico, una serie de relatos inéditos de publicación semanal, que estarían estrechamente ligados a las cinco novelas que formarán la saga del Heredero de los Seis Reinos. La idea era situar al lector en Mundo Conocido, familiarizándolo con sus personajes, sus paisajes, su climatología, sus especies… Siempre, por supuesto, sin desvelar la trama de las novelas. Este blog serviría de punto de referencia para los lectores de la saga tanto antes como después de la publicación de las obras. Además, también era una forma de conocer vuestra opinión, de saber qué os gusta y qué no, de entender qué buscáis cuando os enfrentáis a una nueva novela y, en definitiva, de saber si estaba realmente a la altura de ofreceros algo de calidad.
            Una vez decidí cómo dar a conocer al mundo mi proyecto, necesitaba rodearme de un equipo de profesionales que me ayudara a ambientar cada uno de los relatos. Lo primero que hice fue echar mano de mi agenda de amigos. ¿Quién mejor que la gente que me conoce para entender lo que deseaba hacer?
            Tengo la suerte de contar entre mis conocidos con dos auténticos artistas de la fotografía y del dibujo, así que, ¿por qué iba a buscar fuera lo que tengo en casa? De esta manera contacté con Antonio Amboade y con Rocío Martínez y les propuse que colaboraran conmigo. Ambos accedieron sin pensarlo y juntos nos embarcamos en Historias de los Seis Reinos, un blog que hoy cumple su primer año de existencia y que está sobrepasando con creces todas las expectativas que habíamos puesto cuando empezamos en el mes de febrero del año pasado.
            Tras 365 días en la red, después de 54 semanas publicando cada lunes sin importarnos que fuera Navidad, verano o festivos, podemos decir con orgullo que estamos a punto de superar las 45000 visitas, que vamos camino de los 700 seguidores oficiales, que hemos recibido cerca de 3000 comentarios, que nos siguen desde noventa países, con cifras tan sorprendentes como las 5000 visitas que hemos recibido desde Estados Unidos o las 1500 desde Rusia.
            Gracias a Historias de los Seis Reinos han contactado conmigo lectores de todas partes preguntándome por los libros, por la saga y por su publicación. Varios agentes literarios y editoriales han llegado hasta mí a través del blog interesándose por el proyecto y son varias las ofertas para publicar las novelas que he recibido…
            …Y todo esto gracias a la idea que tuve hace año y medio y que se llamó Historias de los Seis Reinos, el blog que precede a la saga del Heredero de los Seis Reinos.
            Gracias a todos los que empezasteis conmigo, a los que os habéis unido por el camino y a los que todavía no conocéis mi obra, pero estáis a punto de hacerlo. A todos, GRACIAS.


                                                   Antonio Amboade Vázquez, fotógrafo.
                                                 http://elblogdenerioazul.blogspot.com.es/


 
 Rocío Martínez Maestre, dibujante.


Miguel S. Juaneda
Autor del Heredero de los Seis Reinos