Viajeros de Mundo Conocido

Este blog pretende poner al seguidor de El Heredero de los Seis Reinos en contacto con los personajes, territorios, historias y tramas que envuelven esta saga de fantasía. Con una periodicidad semanal se subirán relatos y leyendas que tendrán como protagonistas a personajes y hechos que irán apareciendo en las novelas de forma secundaria. Sin duda, el blog Historias de los Seis Reinos será siempre un punto de referencia al que acudir.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Relato nº 32 El mendigo


Dos días a la semana la plaza central de Aunzalia se convertía en un gran mercado. Comerciantes venidos de todos los rincones del reino montaban unos destartalados puestos hechos de cuerda, madera y lonas donde exponían sus mercaderías. Frutas, verduras, telas, orfebrería, carnes y pescados se podían encontrar en aquella feria ambulante que originaba en la aldea un clamor y una algarabía capaces de hacer escuchar a un sordo. Los mercaderes gritaban a los cuatro vientos las ventajas de sus productos sobre los del resto de vendedores, mientras que las aguadoras ofertaban agua, zumos de frutas y otros brebajes transportados en grandes barreños apoyados en sus caderas.
Diulmo, que paseaba de la mano de su padre, observó divertido como un pescadero afónico lanzaba una trucha a la cabeza del frutero de un tenderete próximo porque su voz sonaba con más fuerza y no le permitía anunciar las cualidades de sus peces. Una manzana lanzada con extrema dureza y que fue a impactar al estómago del vendedor de pescado fue la respuesta por parte del mercader de frutas y verduras. A Diulmo le encantaba deambular por aquella plaza. Su padre, un terrateniente presuntuoso y adinerado, lo llevaba frecuentemente a pesar de que nunca compraban nada allí.
-Son vendedores pordioseros con mercancías podridas para pobres-, solía responder su progenitor cuando Diulmo le preguntaba por qué no adquirían ninguno de los productos allí vociferados.
Si había un puesto que encandilaba al muchacho era sin duda el del alfarero. Diulmo podía pasar toda la mañana viendo como sus manos arrugadas y castigadas por la edad y la dureza del oficio moldeaban vasijas y tinajas. La arcilla mojada resbalaba por el torno y unos recipientes del color del barro emergían de la nada convertidos en envases de formas y diseños diferentes. El joven había comentado a su padre en varias ocasiones que quería aprender a realizar aquellos objetos obteniendo siempre la misma respuesta:
- ¡Jamás!
Una de las figuras que siempre atraían estas concentraciones de mercaderes era la de los mendigos. Pestilentes y necesitados recorrían la plaza solicitando de los compradores y vendedores algo para echarse a la boca. Diulmo siempre sintió compasión por estos pobres, aunque nunca consiguió que su engreído padre les obsequiara con algo de comida o bebida que les permitiera alimentarse. El muchacho solía imaginar que detrás de aquellos menesterosos había unos hijos esperando hambrientos en una ponzoñosa chabola el regreso de aquellos menesterosos con algo de alimento.



Aquel día Diulmo tampoco consiguió nada que ofrecerles. Al contrario, su insistencia encolerizó a su progenitor que tirando fuerte de su brazo lo sacó de aquel mercado poniendo rumbo hacia su casa, situada a las afueras de Aunzalia.
-Mañana iremos a Myrthelaya y allí podremos comprar productos de calidad-, anunció el acomodado hacendado.
Cuando salieron del pueblo tomaron un sendero que los introducía en una pequeña arboleda. Aunque el sol estaba en la plenitud de su viajar diario, las sombras de las ramas aportaban a la vereda  una luz más propia del atardecer que del mediodía. Justo delante de ellos, a poca distancia y en su misma dirección, caminaba uno de los mendigos que instantes atrás habían repudiado. El hombre llevaba una vara larga de madera que utilizaba a modo de bastón y una capucha que cubría su cabeza. Al llegar a su altura, el padre de Diulmo lo apremió para que acelerara el paso y adelantaran cuanto antes a aquel despreciable y apestoso indigente. Luego prosiguieron su camino sin sospechar lo que estaba a punto de ocurrir.



 Poco antes de salir de aquel pequeño bosque, dos extraños surgieron de entre los árboles y armados con cuchillos obligaron al acaudalado cacique a entregarles la bolsa de las monedas. Ante la negativa del hombre, lo tiraron al suelo y comenzaron a propinarle patadas y puñetazos. El joven Diulmo intentó sin éxito ayudar a su maltrecho padre pero uno de los asaltantes lo empujó lanzándolo a una zanja junto al camino. Entonces, una vara de madera arqueada impactó con violencia en la cabeza de uno de los bandidos que cayó conmocionado sobre un lecho de hojas secas. Al levantarse, Diulmo pudo ver cómo  el mendigo se abalanzaba sobre el segundo forajido y de un golpe en el estómago lo derribaba haciéndolo también caer para luego levantarse y emprender la huida tan rápido como sus piernas le permitían. Entre Diulmo y el indigente, ayudaron a levantarse al dolorido terrateniente que quiso entregar a su salvador parte de las monedas que llevaba. El mendigo rechazó el ofrecimiento diciendo:
-Si me presentara ante un mercader con un buen puñado de monedas, éste pensaría que las he robado y avisaría a las autoridades para que me capturaran, en cambio, si usted me acompañara y me comprara algo de fruta y carne que poder llevar a mi casa, mi familia podría subsistir por una temporada.
Diulmo miraba con admiración a aquel hombre. La lección que acababa de dar a su soberbio padre no la olvidaría jamás. Una vez más, cogió la mano de su progenitor y juntos acompañaron a aquel mendigo de regreso a la plaza central de Auzanlia.

57 comentarios:

  1. Una auténtica lección de humildad. Muy bonito, me
    ha encantado.
    Besos

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    1. Gracias, Débora.
      Me alegra saber que te ha gustado.
      Un beso

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  2. Me gustan las moralejas de tus historias y ésta especialmente. Qué malos son los prejuicios y qué buenos tus relatos.

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    1. No puedo estar más de acuerdo contigo en lo referente a los prejuicios, Mar.
      Gracias por pasarte y comentar.

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    1. Gracias, Nacho.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Un saludo

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  4. si yo hubiera sido el mendigo le quito el dinero también al ricachón.hay que desterrar del mundo a gente como el.

    saludos

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  5. Sabiduría contra soberbia. Qué buena lección acabas de impartir al escribir este relato.

    Besos

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    1. Gracias, Rosa.
      Es un placer tenerte por aquí.
      Un beso

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  6. Una persona con conciencia social??????? Sin duda es un claro ejemplo de que se trata de un relato de fantasía
    Un abrazo

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    1. Prefiero pensar que aún no está todo perdido y que la sociedad terminará evolucionando hasta llegar al equilibrio entre clases sociales.
      Un abrazo

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  7. Es una historia muy bonita. Me he sentido identificada con el sufrimiento del mendigo por el rechazo que recibe por parte de la mayoría. Alguna vez me he sentido así y es frustrante.
    Besos

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    1. Gracias, Susana.
      Espero que esa frustración esté desterrada y sea ya cosa del pasado.
      Un beso

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  8. La historia de la humanidad: Ricos humillando a pobres y pobres solucionando la vida de los ricos. Triste... pero cierto... Saludos

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    1. Una pena que esto no fuera también fantasía.
      Un saludo

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  9. pero tu no escribías fantasía? por q este relato es mas de novela contemporanea ^^
    esta muy bien . me ha gustado muchisimo

    besitos

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    1. Gracias, Mari Cruz.
      Me alegra saber que ha sido de tu agrado.
      Un beso

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  10. Hola! Hace rato que intento entrar a tu blog para leer el relato de esta semana y no podía :( . Al final entre desde el tlfo. Es una historia que se hace corta de lo linda que es. Estoy deseando poder leer tu libro
    Beso

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    1. Me alegra que de una forma u otra al final hayas podido entrar, Teresa, muchas gracias.

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  11. la historia de fondo dice mucho. vale la pena leerla por lo que transmite y por lo bien que está escrita
    Un saludo.

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    1. Gracias por tus palabras, Toni. Un saludo para tí también.

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  12. Así da gusto entrar en la jornada diaria. Un relato precioso.
    Un abrazo.

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    1. Feliz por alegrarte el día, Scooby, muchas gracias.

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  13. No seamos hipócritas rasgandonos las vestiduras. a ver si ahora va a resultar que cuando vemos un mendigo nos lo llevamos a casa y le ponemos un plato de comida. Me cansa la gente que va de buena y luego son los primeros que no dan ni un centimo a los que deverdad lo necesitan.

    pd. el relato muy bueo ;)

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    1. Para ponerse a pensar, Narciso. Llevas mucha razón.

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  14. """-Si me presentara ante un mercader con un buen puñado de monedas, éste pensaría que las he robado y avisaría a las autoridades para que me capturaran, en cambio, si usted me acompañara y me comprara algo de fruta y carne que poder llevar a mi casa, mi familia podría subsistir por una temporada-"""

    Cuanta verdad dices en este párrafo.
    Me gustó mucho
    Besitos

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    1. Muchas gracias, Valeria.
      Un placer tenerte por aquí.

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  15. Para qué vamos a negar que mucha gente haría/haríamos lo mismo. Apartarnos todo lo que podemos de la parte de la sociedad que resulta desagradable.
    Buena moraleja y muy bien escrito.

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    1. Deberíamos reflexionar sobre esto, Alberto. Un saludo

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  16. FORMIDABLE!!!!! HE ALUCINADO CON LA HISTORIA Y LO QUE ENCIERRA
    ENHORAUENA!!!!1

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  17. Me dejais una semana mas sin palabras, amigo escribiente.
    Saludos templarios

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    1. Ojalá pueda seguir recibiendo comentarios como el tuyo semana a semana. Un saludo para tí también.

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  18. Hola Miguel
    Me ha gustado mucho leer este relato. Es muy bueno y te hace pensar y reflexionar sobre algunos aspectos de la vida.

    Un beso

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  19. me encanta el relato y las imagenes. gracias por compartirlo . seguire pasandome todas las semanas por este blog
    salu2

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    1. Y yo espero que no faltes ni una sola semana, Juan Ignacio.
      Muchísimas gracias.

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  20. Un relato genial, como siempre. Y real como la vida misma. Un cuento con moraleja de los que se disfrutan. Enhorabuena.

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    1. Y yo que disfruto de comentarios como este, Joanna. Muchas gracias.

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  21. Es un relato muy hermoso.He disfrutado mucho leyendolo
    Un fuerte beso

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    1. Gracias, Martina. Espero que sigas disfrutando con los relatos que vendrán.
      Un beso para tí también.

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  22. Desde luego es imposible quedar impasible después de leer uno de tus relatos.
    Un abrazo

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    1. Me alegra provocar esa reacción, Laura.
      Un abrazo.

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  23. Un relato precioso, me ha gustado muchísimo.
    Verdad y realidad nos presentas en tus letras.
    Abrazos de Amelia :)

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    1. Muchas gracias por compartir tus impresiones con nosotros.
      Un abrazo para tí también, Amelia.

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  24. Hola Miguel, como te va!!!
    Me ha gustado lo que he leido. Creo que de alguna manera todos nos sentimos identificados con ese mendigo, aunque no siempre obremos como debiéramos.
    saludos

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    1. Cuánta verdad en lo que dices. Ojalá nos sirva a todos aunque sea solo un poco.
      Saludos.

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  25. Fantastico relato.que encierra una reflexión, Besos

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  26. Pleno de universalidad y ojalá el leerlo infunda compasión,una de las grandes virtudes, aunque generalmente los acaudalados no leen.

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