Viajeros de Mundo Conocido

Este blog pretende poner al seguidor de El Heredero de los Seis Reinos en contacto con los personajes, territorios, historias y tramas que envuelven esta saga de fantasía. Con una periodicidad semanal se subirán relatos y leyendas que tendrán como protagonistas a personajes y hechos que irán apareciendo en las novelas de forma secundaria. Sin duda, el blog Historias de los Seis Reinos será siempre un punto de referencia al que acudir.

lunes, 26 de mayo de 2014

Relato nº 62 El brujo



Había llegado la hora. Desde que nació jugó al escondite con su destino, pero éste era ruin y pertinaz y le dio caza cuando por fin se sentía a salvo. Ahora debía encararlo desnudo, sin armas, liberado de las máscaras con las que se había ocultado desde que abandonó su hogar siendo sólo un infante de dos años.
            Estaba dispuesto. Sabía a qué se enfrentaba y nada podría detenerlo. Se despojó de las ropas de labrador bajo las que se protegía y se cubrió con una amplía sábana que, al contacto con su curtida piel, se transformó en una magnífica túnica verde bordada en oro.
            Su pelo, blanco y sin brillo, recuperó la fuerza de la niñez y se tornó negro como la noche. Las arrugas que surcaban su rostro y sus manos desaparecieron dejando paso a una tersura ya olvidada. Las manchas con las que el sol había cubierto su piel se esfumaron y las articulaciones que con cada paso crujían como la vieja madera, recobraron el vigor de su infancia.
            Sentada a su vera y atónita por lo que estaba contemplando se encontraba Aunrea, que no podía creer lo que veían sus asustados ojos. Su marido estaba cambiando junto a ella tornándose en un ser diferente. Más hermoso de lo que nunca había sido y temible como la más oscura de sus pesadillas. Pero en aquellos ojos negros seguía viendo al hombre del que estaba enamorada. Su avanzado estado de gestación le impedía huir, aunque tampoco deseaba hacerlo.
            Él le devolvió los mismos sentimientos con sólo una mirada y le tendió la mano para que se apoyara en ella para levantarse. Al contacto de sus dedos, una chispa surgió llenándola de vida y haciendo que el pequeño ser que crecía en su interior se removiera.



        Juntos de la mano, abandonaron su hogar dispuestos a enfrentarse al enemigo. Hordas de druzgos habían invadido su aldea, sus vecinos trataban de cobijarse en sus hogares sin demasiado éxito, ya que los animales derribaban las cabañas como si estuvieran hechas de paja en lugar de piedra y madera. Por todas partes había fieras devorando a hombres, mujeres y niños indefensos.
            A Margock le bastó con levantar un dedo para que un viento huracanado comenzara a soplar. Sabía que ese era el final de su tranquila existencia, que aquel gesto desataría al más horrendo de los destinos, pero ya no había vuelta atrás. Los señores del viento le obedecían desde su más tierna infancia. Con tan sólo un año desató un tornado que arrasó la aldea sylviliana en la que vivía, y un lustro después provocó un tifón que trajo a la costa olas de más de diez metros que arrastraron las vidas de muchos de sus vecinos. Entonces decidió abandonar a su familia, ya que a pesar de su corta edad tenía plena conciencia de quién era y de lo que podía hacer. Creció solo, aislado, escondiéndose de sus habilidades, que llegó a dominar con el paso del tiempo. Era poderoso, pero sabía que todo poder con lleva un precio que no estaba dispuesto a pagar.
            Pero todo cambió cuando la conoció. Entonces la sinrazón se apoderó de su mente haciéndolo creer que podía vivir entre el resto de humanos como uno más. Aquella felicidad sólo duró dos años. En el mismo momento que conoció la noticia de que esperaba un hijo, supo que la paz se tornaría suplicio. La hermandad de magos nunca consiguió dar con él. Su poder era muy superior al del resto y le permitía esconder sus emociones…hasta ahora. Un sentimiento nunca antes conocido hacia su hijo no nacido fue suficiente para que lo encontraran.
            Sabían que nunca lo convencerían, así que optaron por demostrarle que ocultarse no era la solución y lo hicieron de la peor de las maneras posibles, enviando una manada de druzgos y sacrificando a cuantos hombres, mujeres y niños fuera necesario. Pero no contaban con su poder, nunca utilizado en su máxima expresión.
            Con sólo un chasquido de sus dedos, el viento transformado en huracán arrastró consigo a aquellos salvajes animales dejando a su paso un rastro de cuerpos heridos. Con la solemnidad que su traje le otorgaba y levitando sobre el suelo ensangrentado, se acercó uno a uno a los maltrechos aldeanos y fue curando sus heridas con el roce de las yemas de los dedos.
            Luego mantuvo la mirada perdida en la inmensidad de las montañas y un pensamiento cruzó su mente:
            "Si os acercáis a mi hijo, os destruiré".
            Sabía que lo habían escuchado, pero también era consciente de que no se rendirían. Ahora conocían su poder y querrían utilizarlo para la guerra que asolaba Mundo Conocido.
            Sin decir nada, tomó a Aunrea en sus brazos, se alejó de aquella aldea que había sido su hogar durante los dos últimos años y desapareció…


           

lunes, 19 de mayo de 2014

Una presentación de cine


Llevo un buen rato sentado delante de la pantalla del ordenador. Mi intención es intentar transmitiros qué ocurrió el pasado viernes en la presentación de La llamada de los Nurkan, el primero de los libros de la saga El Heredero de los Seis Reinos... Y no sé cómo hacerlo. O mejor dicho, es que no puedo hacerlo. Es imposible haceros llegar a todos los que no pudisteis acompañarme a través de unas letras y de unas imágenes lo que viví, lo que sentí en un día tan especial... Pero al menos lo voy a intentar.

            El acto de presentación se celebró en el centro cultural Ramón Alonso Luzzy, sede de la principal biblioteca de Cartagena. Cuando entré al salón de actos (fui de los primeros en llegar) se me antojó enorme y recuerdo pensar que iba a ser muy difícil llenar al menos la mitad de aquel auditorio. Me fui directo a los camerinos y allí, hablando distendidamente con mi gran amiga, la escritora Marisa Grey, suavizamos los nervios a la espera de que comenzara el acto.


            Y llegó el momento. Las vocecitas de dos princesas de siete añitos subidas sobre el escenario nos anunciaron que teníamos que salir; y eso hicimos entre los aplausos de las más de doscientas personas que llenaban casi la totalidad del salón. Sí, habéis leído bien. La cifra de familiares, amigos y seguidores que allí se concentraron superó las dos centenas... Aún no doy crédito.



            Marisa Grey, a quien estaré eternamente agradecido por haberme ayudado tanto en las correcciones de la novela y por aceptar mi ofrecimiento de acompañarme en el día más importante de mi vida literaria, hizo una presentación amena y divertida que encandiló al público asistente. Sí es verdad que se vio interrumpida en dos ocasiones por la presencia de un Nurkan, que ataviado con su inconfundible túnica, se paseó de arriba a abajo por el salón de actos controlando y coordinando que todo transcurriera bajo la paz y la armonía que los Nurkan deben procurar.


            Luego tomé yo la palabra y nada más saludar al auditorio me vi interrumpido por una ciudadana del reino de Myrthya que, enfadada y surgiendo desde el público, me explicó las condiciones en las que he dejado su reino. A la myrthyana le siguieron un kalandryano, un sylviliano y un utsuriano, cada uno mostrando su descontento o haciendo públicas las necesidades de sus territorios.
            Pero si alguien consiguió enmudecer a las más de doscientas personas que absortas seguían las interpretaciones de los actores, fue sin duda la aparición de Ódriel, interpretado por el grandioso actor José Antonio Ortas, quién, vestido con su traje de príncipe de Myrthya, no dudó en hacer callar a los habitantes de los cuatro reinos que allí habían para después dirigirse hasta el escenario y amenazarme una y otra vez con darme muerte si el futuro que le tengo reservado en los libros no se ajusta a sus pretensiones soberanas...


            Tras la fantástica actuación, subió al escenario Antonio Amboade, el fotógrafo autor de la portada del libro, que explicó el gran trabajo realizado hasta conseguir el estupendo montaje que hoy podéis ver en los escaparates de las librerías.



           Y para terminar me tocó a mí hablar. Una breve intervención para agradecer a todos los allí presentes su asistencia, para regalarles a cada uno un pedacito de mi corazón y para pedirles que sean benevolentes con este humilde escritor que empieza ahora su deambular en el mundo literario. 



    GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. A los que allí estuvisteis conmigo.
    GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. Al equipo de la red de bibliotecas municipales de Cartagena por su colaboración y predisposición.
    GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. A Mar, mi mujer, y a mis dos hijas. Que son, sin duda, las que más han tenido que sufrirme en estos dos largos años transcurridos desde que empezó el proyecto.
    GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. A mi equipo de los seis reinos. El fotógrafo Antonio Amboade, la ilustradora Rocío Martínez, la diseñadora de mapas y heráldica Conchi Álvarez y el técnico audiovisual Pencho Sánchez.
    GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. Al resto de mi familia y amigos que tanto me han apoyado y arropado en los buenos y malos momentos.
    Y GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. A los cientos de seguidores, lectores y fans de esta saga de fantasía, a los que no conozco personalmente, y a los que espero no defraudar nunca.

    A todos vosotros, GARACIAS, GRACIAS Y GRACIAS.




lunes, 12 de mayo de 2014

Relato nº 61 El precio de la libertad



Estaban reunidos alrededor de una hoguera, como solían hacer cuando se trataba de tomar decisiones que afectarían a todo el clan. Los rostros se iluminaban serios bajo la luz de las llamas y varias capas de pieles cubrían sus cuerpos protegiéndolos del intenso frío. No había lugar a dudas, algo terrible estaba a punto de suceder.
            Era la primera vez que Frusdal acudía a una reunión del Consejo. Acababa de cumplir los doce años y ya tenía derecho a participar, aunque su padre le había pedido que fuera prudente, una cualidad de la que carecía. Trataba de mantenerse serio, pero una amplia sonrisa de satisfacción pugnaba por conquistar su rostro. No podía evitarlo, estaba feliz y satisfecho. Ya era uno de los mayores, aportaría su parecer en la toma de las grandes decisiones y podría batallar y cazar cuando fuera necesario. Además, su padre ya no podría prohibirle que cabalgara por los montes en solitario. Pronto elegiría una esposa y se trasladaría a su propia cueva. Se había convertido en un hombre.
            Así que decidió comportarse como tal y contener aquella peleona sonrisa. En lugar de sentarse con los de su edad, lo hizo junto a su progenitor, como muestra de respeto y consideración. Quería empezar con buen pie y demostrar que, aunque fue un niño rebelde e irrespetuoso en muchas ocasiones, sería un adulto responsable y digno.
            El más anciano tomó la palabra y explicó que los Nuntárak les habían enviado un ultimátum. Debían someterse a las directrices del Suliadán de Mundo Conocido y aceptar al caudillo del clan Nuntárak como señor único de Kalandrya.
            Los murmullos de indignación fueron inmediatos. Los Odondae eran una tribu libre e independiente y así deseaban continuar. El anciano elevó su mano y, de inmediato, el silencio se adueñó de la situación.
            — Debemos pensar en nuestro pueblo. Somos un clan poderoso y sólido, pero no el más fuerte ni el más numeroso de Kalandrya. Si deciden unirse contra nosotros, poco podremos hacer para defendernos. Nos exterminarán.
            Murmullos de nuevo.
            Era inconcebible para ellos que sus hermanos del reino nevado trataran de imponerles algo que no deseaban. Siempre habían sido autónomos. Cada uno tenía su territorio y convivían con cierta paz y armonía. Los conflictos se resolvían entre los jefes de los clanes y los que erraban recibían su castigo. Pero someterse a otro clan, eso era demasiado para ellos. Hasta ahora, nunca habían atendido las peticiones del Suliadán. No querían más tierras ni más posesiones. Sus amadas montañas les otorgaban todo lo que necesitaban para vivir. Nunca irían más allá, así que no permitirían que nadie les recordara que no debían hacerlo y, mucho menos, que les impusieran absurdas normas de comportamiento.
            — Entiendo vuestras dudas y temores —dijo el anciano. Pero debéis pensar en nuestros hijos, en nuestras mujeres. El caudillo de los Nuntárak me ha dado su palabra de que no quieren someternos. Tampoco entrarán en nuestras decisiones ni juzgarán nuestras actuaciones, siempre que no traspasemos las fronteras de nuestro territorio. Reconocer su hegemonía sobre Kalandrya es mera palabrería para que nos dejen vivir tranquilos. En realidad sólo habría que firmar un pergamino y nos dejarían en paz.
            Frusdal no podía creer lo que estaba viendo. El anciano estaba convenciendo al Consejo de que se sometieran al vasallaje de los Nuntárak. Podían camuflarlo como quisieran, pero aquello era una sumisión absoluta. Tras la firma del pergamino estarían obligados por honor a obedecer todos sus preceptos. ¿Quién les garantizaba que el siguiente señor Nuntárak no sería un loco que trataría de disgregarlos o esclavizarlos?


           Los Odondae no tenían un único líder para evitar que ningún demente fuera el amo de sus destinos. Ellos contaban con un Consejo en el que todos los hombres tenían voz y voto para tomar cualquier decisión. Ese era su sistema de gobierno y les había funcionado a la perfección. Frusdal no estaba dispuesto a que aquello cambiara así que, sin pensarlo dos veces y llevado por su jovial temeridad, se puso en pie.
            Todos los rostros se volvieron hacia él. Era el último en llegar al Consejo y se había atrevido a pedir la palabra, algo que sólo los más veteranos hacían. Durante un breve instante el joven se arrepintió de su osadía, pero el miedo a que aceptaran someterse a los Nuntárak era aún mayor, así que abrió la boca dispuesto a decir lo que pensaba.
            — Nací Odondae y mi destino me aguarda cada día entre estas montañas. He crecido libre como marcan las normas de mi clan y así quiero morir.  Sé que muchos de vosotros pensáis que soy todavía un niño, que no tengo descendencia y nadie depende de mí, por lo que mis miedos son escasos. Es cierto, como también lo es que no temo a la muerte, ya que sé que los espíritus de la tempestad me acompañarán en mi peregrinar allá dónde me lleven. Sólo me espanta una idea, la esclavitud. Y es a ella a la que me dirigen vuestras miradas. No quiero someterme a los Nuntárak ni a ningún otro clan. Quiero decidir cada día qué dirección tomar y qué animales deseo cazar. Incluso quiero tener el derecho a elegir cómo morir. Y ya lo he hecho. Prefiero acabar con mi vida luchando contra los que desean esclavizarme antes que vivir bajo su dominio. Eso es lo que me habéis enseñado desde que nací y es lo único que creo y respeto. Si perdemos nuestra libertad, perdemos nuestra esencia y dejaremos de ser los Odondae. ¿Preferís eso a la muerte en batalla?
            Un no rotundo salió de forma simultánea de las gargantas de todos los miembros del clan. No había más que discutir. La decisión estaba tomada. Recogieron sus pieles y se dirigieron a sus cuevas a despedirse de sus familias…



            …La historia nos cuenta que los Odondae fueron exterminados. Las leyendas narran como al morir y abandonar el mundo de los vivos, en sus rostros lucían una gran sonrisa de satisfacción y orgullo.  

lunes, 5 de mayo de 2014

Preparando una presentación



¡Ya sólo faltan once días! Por fin, después de dos años de duro trabajo, La llamada de los Nurkan, primer libro de la saga de literatura fantástica El Heredero de los Seis Reinos, verá la luz. Y quiero compartir con todos vosotros su nacimiento con una presentación elaborada y cuidada que no deje indiferente, como he intentado hacer con todo lo relacionado con este proyecto desde que lo puse en marcha.
Presentar en sociedad a tu primer retoño literario no es sencillo, os lo aseguro. Su creación ha sido un proceso duro, incluso doloroso en algunos momentos, pero ahora que está aquí, entre mis manos. Quiero que todos podáis compartir mi felicidad y satisfacción. De ahí que ponga tanta ilusión en esta presentación, que para mí es como la puesta de largo de mi novela.
Gracias a la colaboración de la red de bibliotecas municipales de Cartagena, La llamada de los Nurkan se presentará en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, la cocina de la cultura cartagenera. Allí tienen su sede la concejalía de Cultura, donde se cuecen muchos de los proyectos culturales de esta ciudad, y la principal biblioteca pública. No podía imaginar un espacio mejor.

                                Centro cultural Ramón Alonsso Luzzy

El día elegido es el viernes 16 de mayo, en apenas 11 días, como os señalaba al principio. La hora, las 20.00. Ese momento mágico en el que el sol comienza a alejarse dejando paso a la luna, que alumbrará este nacimiento con su misterio. No podía ser de otra forma.
Como ya podéis imaginar, he preparado algunas sorpresas. De momento sólo desvelaré una de ellas: para presentar este evento contaré con una presentadora de excepción, la escritora Marisa Grey. Una gran amiga y mejor persona, que me ha apoyado y animado desde el primer momento. Sin lugar a dudas, para mí es todo un orgullo contar con ella.

                                                  Marisa Grey

Permitidme que me reserve el resto. Si queréis verlo, acompañadme. Me encantaría sentirme arropado por todos vosotros en el gran día de la saga de El heredero de los Seis Reinos.
Recordar, tenéis una cita con la aventura, el misterio y la magia el 16 de mayo, a las 20.00 horas, en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy. 

                     Invitación para la presentación realizada por Fernando Irimia

¡Os espero!