Viajeros de Mundo Conocido

Este blog pretende poner al seguidor de El Heredero de los Seis Reinos en contacto con los personajes, territorios, historias y tramas que envuelven esta saga de fantasía. Con una periodicidad semanal se subirán relatos y leyendas que tendrán como protagonistas a personajes y hechos que irán apareciendo en las novelas de forma secundaria. Sin duda, el blog Historias de los Seis Reinos será siempre un punto de referencia al que acudir.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Relato nº 40 Regreso al mar


Nunca el mar estuvo tan vivo. Las olas alcanzaban la altura de las estrellas y los barcos desaparecían llevando en su interior decenas de almas condenadas al olvido de las profundidades. Durante tres días los ejércitos de blanca espuma arrasaron las costas del reino de Vharane. Los más ancianos no recordaban una tormenta de furia tan devastadora. El agua penetró en la tierra  hasta llegar a los desiertos, creando vergeles donde antes sólo había arena. Y fue en uno de esos oasis repentinos donde la encontraron.




            Había cesado de llover y el sol intentaba recuperar el dominio del cielo. Las últimas nubes se alejaban mar adentro y el rugir de las aguas dio paso al silencio de la calma más deseada. Los habitantes de las aldeas comenzaron a auxiliar a las víctimas y a reparar los daños. Un grupo de aldeanos se acercó hasta el Desierto de  los Médanos recogiendo enseres que el mar había arrastrado hasta allí. Entonces la vieron. Un pequeño estanque de agua salada se había creado entre varias dunas de fina arena y, en el centro, una hermosa sirena permanecía varada moviendo su aleta sin parar. Tenía el pelo del color del sol y su rostro, dulce y cálido, reflejaba una gran tensión. Con suma rapidez, los hombres y mujeres que allí se encontraban corrieron al auxilio de tan majestuoso ser, pero nadie sabía cómo actuar. Un pescador había oído que a las sirenas no se las puede tocar, porque de lo contrario perderían su cola y morirían. Pero, ¿si no debían rozarla, cómo la llevarían hasta el mar?
            Unos y otros intentaban aportar ideas, cual más disparatada. Finalmente fue un niño el que dijo:
            -Si no podemos llevarla hasta el océano, ¿por qué no traemos el agua hasta aquí?.


            Y eso hicieron. Cientos de vharaneses llegaron desde las aldeas vecinas y empezaron a construir un canal que uniría el mar con el pequeño oasis, que ya empezaba a secarse a consecuencia de las altas temperaturas del reino del sol. Trabajaron día y noche cavando con palas y rastrillos y llevando cubos de agua hasta la sirena para que su cuerpo siempre estuviera húmedo. Después de dos semanas de esfuerzo colectivo, el mar llegó hasta el estanque inundándolo de agua y haciendo que la sirena pudiera nadar y sumergirse. Nadie quiso perderse el momento en el que aquel ser maravilloso atravesaba la enorme y profunda zanja cruzando el desierto. Los habitantes de los pueblos cercanos se amontonaban en las orillas del canal saludando alegres a la sirena, que agradecía la ayuda recibida luciendo esplendorosa una sonrisa que le iluminaba el rostro.
            Al llegar al mar se irguió sobre su cola, dejando el torso fuera del agua, y agitó la mano en señal de despedida. Luego se sumergió y puso rumbo a Zirwania, de donde el temporal la había arrancado semanas atrás.
            El canal que construyeron los vharaneses nunca se cerró y el agua sigue aprovisionando a un pequeño estanque situado en el desierto que hace las delicias de todos los que allí se bañan.
            Hay quien dice que en las noches de mar tranquila, las sirenas llegan hasta las costas del reino del sol, cruzan el canal y nadan hasta el estanque para visitar a sus amigos de Vharane, que un día demostraron que para ayudar a un ser vivo no hay que ser de la misma raza o especie, sino tener la voluntad de querer hacerlo.



Cuento narrado por bardos y aedos en los pueblos y aldeas  de los Seis Reinos

lunes, 18 de noviembre de 2013

Relato nº 39 Amor real




Amada mía:

Hoy el día comenzó como los anteriores.
El repicar de una irritante campana destrozó la más terrorífica de mis pesadillas para devolverme a una gris realidad, que no dista mucho de ser un mal sueño. La luz del ciclo solar superior rodea mis ilusiones… También mis despertares. Con éste son ya seis los días transcurridos desde la última vez que te vi. No he vuelto a tener noticias tuyas. Pasan las jornadas y empiezo a sentirme lacio. Mi ego asume que te has marchado pero no logro entender por qué.
¿No fuiste feliz durante aquellas dos noches? ¿No te hice sentir como la princesa de ese cuento de hadas que, tras años de espera, ha encontrado a su idolatrado caballero?
          Quizás no te gustaron mis presentes, o tal vez no supe llevarte lo bastante alto como para que rozaras las estrellas con la punta de tus delicados dedos. Me prometiste que no yacerías con nadie más el resto de tu vida, que reservarías tus encantos sólo para mi disfrute…


Los días van pasando y siento como la tranquilidad va retornando a mi corazón y, con ella, la sensación de vacío. Me he quedado solo en el castillo habitando de lleno mi oscuridad. No eres nadie. Nunca lo fuiste y nunca lo serás.
Encontrarte no era mi intención. Jamás salí a buscarte. Fuiste tú quien emergió de la nada para hacer trizas mi existencia, alojando en mi mente las raíces de tu recuerdo. Me hiciste sonreír durante horas y de la mano me guiaste por un atajo hacia la felicidad que tanto añoraba. Me diste placer y yo lo confundí con amor.
Una noche más. Me he prometido que ésta será la última. Me acostaré pronto pensando en ti. Me mantendré callado buscando en el silencio tu retorno. Si vienes, te haré el amor como nunca te lo han hecho hasta ahora.
¿Si no apareces?
Aprenderé a olvidarte y sustituiré tu recuerdo por el de otra.
Al fin y al cabo no eres real, sino el hermoso sueño de una ramera que pudo llegar a ser reina.
Siempre tuyo.
Ódriel


lunes, 11 de noviembre de 2013

Relato nº 38 La conspiración



-Para comprender la vida necesitas querer vivirla.
Esta frase me la dijo mi padre el día que cumplí diez años y desde entonces ha sido fuente de inspiración y centro de mis pensamientos. Al fin y al cabo, ¿quién no querría vivir una vida como la mía?
Mi nombre es Elifelt y nací en el año 781 del Segundo Comienzo. Heredé de mi padre una propiedad cercana a la ciudad de Dalashya. Extensas tierras y gran cantidad de ganado cuya gestión me gusta llevar personalmente. No dispongo de muchos sirvientes pero sí cuento con un elevado número de trabajadores a los que gratifico por el sudor vertido sobre mis campos. Supongo que es lo que me diferencia de los demás señores del reino. La mayoría tienen criados que les sirven y trabajan sus tierras a cambio de protección y sustento.  A mí me gusta pagar a mis lacayos por el trabajo que realizan. Así me enseñó mi padre a obrar y en consecuencia actúo. No tengo guardia personal, tampoco me ha hecho falta ya que siempre me he mantenido al margen de las conspiraciones que pueden acortar la vida de un hombre, sobre todo si eres consejero real y amigo de infancia del monarca de Myrthya, Tarákil. La prudencia me viene de familia, ya que mi padre fue capaz de mantener la paz en sus dominios sin empuñar una espada.
Estuve casado durante veinte años con Élyanol, la mujer más maravillosa que jamás podrán contemplar los ojos de un ser humano. De cabellos largos y dorados, tez pálida, y frágil como esa antorcha que hay que proteger del viento para que no pierda su llama. Tuvimos una hija, Agania, fruto de nuestro amor. Durante años, mis días transcurrieron tranquilos. Me gusta la caza, pasatiempo que practico a menudo. Me agradaba pasar tiempo con mi familia, jugar con mi hija, dar largos paseos con Élyanol siguiendo el cauce del río Gualdaina. Cabalgo por mis dominios las noches de luna llena contemplando las sombras de mis posesiones, que con tanto empeño y tesón he sacado adelante. Mis propiedades no son importantes por lo que contienen, sino por el tiempo que les he dedicado.



Luego la desgracia me abrazó con tesón. Élyanol murió al alumbrar a nuestro segundo hijo, que tampoco sobrevivió al parto. La fatalidad se acomodó en mi casa sumiéndome en una absoluta agonía. Sólo la sonrisa de Agania era capaz de despertar en mí las ganas de continuar luchando. Y eso hice. Me apliqué en gran medida para que mi hija no creciera en un ambiente de penuria y desesperación. Saqué fuerzas de lo más recóndito de mi interior y logré salir adelante recordando las palabras de mi esposa antes de morir:
-Gran pesar queda a los supervivientes de quien fallece, pero el tiempo cura las heridas más profundas y sólo el que abandona este mundo pierde el derecho a seguir disfrutando de la vida-.
Hoy cumplo cincuenta y ocho años y estoy preocupado por una extraña misiva que me trajo ayer un mensajero real. En ella me convocan a una asamblea del consejo que tendrá lugar dentro de dos días en Myrthelaya. Llevo semanas sin noticias de Tarákil. Temo que el rey pueda haber caído en desgracia. Mis informadores me cuentan que el príncipe Ódriel está actuando de manera extraña. Agania me dice que me preocupo en demasía y que no hay motivo de sospecha en que el rey haya convocado a su consejo. Mi hija me ha dicho que vendrá conmigo, pero me he negado. Un mal presagio nubla mis pensamientos. Quizás tenga razón. Es posible que esté sintiendo recelo donde debería sentir sosiego. Pero Mundo Conocido anda revuelto y no soy capaz de predecir los acontecimientos que están por llegar.
El viaje hacia Myrthelaya transcurre sin contratiempos. Llego al castillo con dos de mis leales y subo directamente a los aposentos del rey. Dos guardias me impiden el paso y me invitan de manera descortés a dirigirme al salón del trono. No me gusta. Llego a la gran sala y me encuentro a la mayoría de consejeros sentados en torno a la mesa central. Para mi sorpresa es Ódriel y no el rey quien preside el consejo. Con recelo en mi mirada tomo asiento. El príncipe tiene la cara compungida. Su semblante ha cambiado. Temo que las noticias que van a escuchar mis oídos no serán del agrado de los que aquí nos encontramos. Hay guardias controlando todas las salidas. Demasiados efectivos para una reunión del consejo real. Algo no va bien. Vuelvo a tener ese presentimiento de fatalidad irrefrenable. En mi memoria se cuelan recuerdos de Élyanol. También de Agania. ¿Qué será de ella si a mí me ocurriera lo peor?



Un escalofrío recorre todo mi cuerpo cuando escucho hablar al príncipe. Por fin entiendo qué está ocurriendo, pero ya es demasiado tarde para salir de aquí.
Mi padre me decía que para comprender la vida es necesario querer vivirla. Hoy voy a abandonar esta vida sin haberla llegado a comprender…


lunes, 4 de noviembre de 2013

Misión cumplida



Recuerdo que llovía. No mucho. Era una pequeña cortina de agua muy fina que apenas calaba pero que, tras horas de caer con insistencia, llegaba a empapar el ánimo de los que caminábamos sin más protección que una capucha y un impermeable. También estaba el frío. Temperaturas gélidas que oscilaban entre los cero grados y unos cuantos más a la izquierda y con el signo menos precediéndolos. Pero no me quejaba. Cuando decidí realizar en solitario el Camino de Santiago a finales del mes de enero sabía que no iba a encontrarme un cielo azul y un cálido ambiente.
            Y allí empezó todo. Caminando entre campos cubiertos de escarcha y riachuelos congelados decidí, hace apenas dos años, atreverme a escribir una novela. Mi primer libro. Una aventura que sabía que empezaba allí mismo, en tierras gallegas, pero que desconocía cuándo terminaría o si acabaría algún día. Un sueño. Uno de los de verdad. De esos que asustan, que parecen inalcanzables. Uno que compartes sólo con aquellos que más quieres por temor a que los demás no lo entiendan.
            La inspiración me encontró sin que yo la buscara para descubrirme un mundo nuevo cargado de ilusiones, magia, batallas, reyes, conspiraciones y millones de historias.  Aquel proyecto fue creciendo en mi mente, acompañándome a cada paso. Se convirtió en mi vida, dominando mis noches y mis días. Mundo Conocido y sus Seis Reinos me conquistaron, envolviéndome. Me convertí en una herramienta a su disposición. Todos aquellos personajes y sus historias necesitaban salir de mi mente, crecer y desarrollarse.


            Y como no podía esperar más tiempo para compartir mi sueño, puse en marcha este blog, abriendo mi “Mundo” a todos vosotros desde una perspectiva diferente. No quería desvelar mi libro poco a poco, sólo presentaros el entorno de nuestros héroes y villanos, los caminos que recorrerán, las dificultades que tendrán que enfrentar, el clima en el que vivirán... Una cita semanal para enseñaros el universo que crecía en torno a mí, a la que no habéis faltado.
            Y, nuevamente, el sueño me superó. Las cifras hablan por sí solas y no dejan de abrumarme a cada paso que doy. Miles de visitas, cientos de comentarios... Echando la vista atrás, me doy cuenta de que aquello que comenzó como una quimera se ha hecho realidad.
            Ahora ya estoy listo para contestar a esas dos preguntas que ni yo mismo sabía responder.
            ¿Qué es El heredero de los Seis Reinos?
            Pues no es más que el resultado de dos años de duro trabajo. Muchos meses de preparación y elaboración de un mundo imaginario. Nombres inéditos, mapas de los Seis Reinos, escudos heráldicos, personajes fantásticos... Todo un derroche de imaginación para elaborar esta saga de fantasía.
            ¿Por qué una pentalogía?
            Porque me resultaría imposible resumir las aventuras de Asúrim, principal protagonista de la obra, en un solo libro. En cada novela nuestros protagonistas deberán visitar  uno de los reinos donde harán frente a infinidad de peligros y aventuras dispares. Sólo aquel que consiga superar todos los retos y llegar con vida al Palacio de la Laguna podrá optar al trono de Suliadán, señor de Mundo Conocido y guardián del equilibrio entre todos los territorios. Y...

            …Y por fin lo he terminado. Lo tengo entre mis manos. Gracias a vuestro apoyo y constante ánimo, el primer libro de la saga está finalizado y listo para la última corrección. Una gran noticia que estaba deseando compartir con todos vosotros, mis amigos, mis seguidores, mi gente.
            Ahora llega el momento de dar la estocada final a un proyecto ambicioso e ilusionante. Ponerle la guinda a este pastel de fantasía y ficción. Darle un último empujón para que, en el menor tiempo posible, podáis tener el libro entre vuestras manos y ser vosotros, entonces, los que dictaminéis un veredicto final exculpándome de la posibilidad de fracasar o culpándome de haber puesto todo mi empeño para que este sueño se haga realidad.

            Va por vosotros…




Pido perdón por si alguien se ha molestado porque no he publicado relato esta semana. Me apetecía mucho que la entrada de este lunes sirviera para compartir con todos vosotros la primicia de que he  terminado el primero de los libros. Pienso que la noticia merecía la pena.