Viajeros de Mundo Conocido

Este blog pretende poner al seguidor de El Heredero de los Seis Reinos en contacto con los personajes, territorios, historias y tramas que envuelven esta saga de fantasía. Con una periodicidad semanal se subirán relatos y leyendas que tendrán como protagonistas a personajes y hechos que irán apareciendo en las novelas de forma secundaria. Sin duda, el blog Historias de los Seis Reinos será siempre un punto de referencia al que acudir.

domingo, 24 de febrero de 2013

Relato nº 2 Una decisión equivocada


Una espesa niebla salida de las entrañas de la mismísima tierra los envolvió sin que tuvieran apenas tiempo de darse cuenta. Habían perdido por completo el contacto visual con los expedicionarios y por primera vez desde que abandonaron Balyeza repararon en el hecho de que estaban solos. Las últimas luces del atardecer coqueteaban con las primeras sombras de la noche dibujando un paraje de penumbras alrededor de los dos jóvenes. En la cabeza de Dhara resonaban una y otra vez las palabras de su madre advirtiéndoles de que no se alejaran de la aldea. Supongo que la llama que enciende la sed de aventuras cuando se tienen trece años no se apaga con facilidad por muy argumentada que sea una advertencia materna. 

        — Enekshu, ¿sabes por dónde debemos proseguir?  preguntó la joven.
        — ¿Bromeas? contestó el muchacho. He recorrido estos caminos cientos de veces. No te preocupes. Ven, es por aquí, entre estos árboles.
        La voz dubitativa de Enekshu no tranquilizó demasiado a Dhara, que se limitó a continuar tras los pasos de su hermano sin decir palabra alguna.
        Habían salido al amanecer siguiendo las huellas del príncipe Asúrim y de sus dos acompañantes. La noche anterior asistieron ilusionados al recibimiento que la aldea de Balyeza brindó a los héroes de Myrthya y escucharon absortos como relataban su paso por el Bosque de Kryllir y su intención de dirigirse hacia los Montes del Misterio en busca del santuario de los nurkan. Como si el mismo pensamiento hubiera anidado en las mentes de los dos adolescentes, sólo necesitaron de una mirada cómplice para saber que estaban de acuerdo en acompañar, ocultos en la distancia, a los tres aventureros. En su imaginación, se vieron ayudando al príncipe a superar los peligros del camino, fantasearon con la posibilidad de encontrarse ante la figura de un nurkan e incluso, por qué no, recibiendo los honores y el reconocimiento de todo Myrthya por el valor y el arrojo demostrados en la defensa de los intereses de su reino… Entelequia juvenil.



        Pero la realidad era bien distinta. Se hallaban perdidos en un mar de niebla, vagando por caminos solitarios y con la oscuridad de la noche cerniéndose sobre ellos. No localizaban el rastro de los viajeros y no disponían de agua ni comida. 
        — Regresemos anunció Enekshu girando su cuerpo con brusquedad y haciendo frenar a Dhara.
        — Sí, será lo mejor contestó la muchacha mientras recogía en una cola su largo cabello anaranjado.
        No habían recorrido mucha distancia de vuelta a Balyeza cuando el sonido del galopar de unos caballos los hizo detenerse en seco al borde del camino. Entre la espesura de la niebla surgieron cinco jinetes encapuchados espoleando con brío sus monturas. Pasaron junto a los dos jóvenes con la velocidad con la que el rayo atraviesa el árbol para volver a perderse en la neblina en dirección a los Montes del Misterio. Aunque sólo los vio unos instantes, Enekshu advirtió que iban pertrechados con grandes espadas, hachas y arcos. Sin duda se trataba de poderosos guerreros, pero, ¿a dónde irían con tanta prisa, en plena noche y fuertemente armados? Nada más descubrirlos, el muchacho pensó que se trataba de nurkan, ya que el atuendo y las capuchas cubriendo sus rostros los asemejaba a las figuras de los miembros de la enigmática hermandad. Luego, al ver las armas, comprendió que aquellas túnicas ocultaban siluetas de humanos y, por su aspecto, se atrevería a asegurar que no pertenecían al reino de Myrthya.
        Llegaron a Balyeza cuando los primeros destellos del amanecer empujaban a la hastiada luna hacia su descanso matinal. Dhara y Enekshu estaban agotados. Sus ropajes húmedos apenas pudieron protegerlos del frío y sus gélidos cuerpos no dejaban de temblar. Al llegar a casa, y tras una fuerte reprimenda, atenuada por el regocijo de quien recupera sano y salvo a un hijo, supieron del incidente que había tenido lugar en la tarde del día anterior, cuando cinco encapuchados llegaron a la taberna del pueblo haciendo preguntas concernientes al príncipe Asúrim y su escolta. Al no obtener respuesta a sus demandas, la emprendieron a golpes con varios aldeanos. La peor parte se la llevó Natareon, el tabernero, a quien después de cortar la lengua con un cuchillo de cocina, obligaron a contemplar malherido como su joven esposa era violada en repetidas ocasiones.
        Los dos hermanos contaron también su encuentro con los jinetes y cómo éstos se dirigían al galope tras los pasos del príncipe. Sin duda alguna tuvieron suerte de haber regresado con vida de aquella pueril travesura que pudo acabar en la peor de las fatalidades.
        El destino les había otorgado un presente muy especial aquel día; la oportunidad de seguir creciendo.


sábado, 16 de febrero de 2013

Relato nº 1 Los últimos héroes


La noche se torna día por el resplandor de las llamas que asoman amenazadoras desde el otro lado de la colina. Somos una veintena de hombres los que permanecemos ocultos a las afueras de la aldea, agazapados entre la maleza al pie de la pequeña montaña. El viento arrastra hasta nosotros desgarradores alaridos que proceden del pueblo vecino. Allí tengo buenos amigos y un escalofrío recorre mi cuerpo al pensar qué habrá sido de ellos. Los invasores no conocen la piedad, arrasan los poblados asesinando a todos sus habitantes. Las mujeres son violadas antes de ser descuartizadas y los niños son tomados como prisioneros, esclavos que desearán haber muerto junto a sus padres antes que vivir el calvario que les aguarda. No somos soldados ni hemos manejado más armas que los cubiertos que se utilizan para comer. Sabemos que nuestra aldea es la siguiente y que no tenemos ninguna posibilidad de sobrevivir ante la ferocidad de tales hordas. Al menos espero poder aguantar con vida el tiempo necesario para que nuestras familias puedan huir lo más lejos posible. 


  
Las primeras sombras de los sanguinarios guerreros preceden a sus siluetas en lo alto del monte. Sus estremecedores gritos penetran sin obstáculos en nuestros atemorizados oídos. Permanecemos escondidos mientras un pequeño desprendimiento de rocas se cierne sobre nosotros obligándonos a protegernos para no ser golpeados. Con horror comprobamos que no son piedras lo que rueda colina abajo, sino cabezas, rostros ensangrentados que conservan la última expresión de pánico de quienes acaban de ser brutalmente asesinados. Mi hermano contempla con pavor la cara desfigurada de una mujer que cae junto a él. Se trata de una joven que conocíamos y con la que solíamos coincidir en ferias y mercados. Sólo tenía catorce años, uno más que mi hermano. He intentado sin éxito convencer a mi padre de que le permitiera abandonar el pueblo con las mujeres y los niños, pero ha insistido en que su lugar estaba entre los hombres, protegiendo a su familia. No es fácil tomar la decisión de enfrentarte a la muerte junto a tus dos hijos y separarte para siempre de tu mujer y del resto de tus seres queridos. No hubo tiempo de despedidas. Tampoco habrá reencuentro.
         Las pisadas y los gritos se hacen cada vez más fuertes. Tenso con fuerza mis manos sobre el rastrillo de labranza que utilizaré contra espadas, hachas  y mazas. Por unos instantes la mirada de mi padre se une a la de mi hermano y a la mía. No dice nada, pero sus ojos reflejan la más amarga de las despedidas. Inclina levemente su cabeza mientras una media sonrisa se dibuja en sus labios. Acto seguido se levanta y comienza a correr colina arriba gritando y blandiendo su arma de campesino. De un salto, mi hermano y yo lo seguimos al tiempo que el resto de hombres de nuestra aldea gritan y corren valerosos hacia los invasores.

¡Por nuestras familias, por nuestro pueblo, por nuestro mundo!


               Relato extraído del conjunto de leyendas populares sobre el antiguo mundo.